Mamá en Apuros

Superar el cáncer: Mamá en apuros un año después

Mamá en apuros

Esta entrada es especial. No quería dejar pasar una fecha así. Porque hoy puedo decir que he conseguido  superar el cáncer, pero para llegar hasta aquí he pasado por muchas etapas.

Tempus fugit

Parece que fue ayer. Me veo a mí misma sentada en una consulta del hospital. El miedo y la incertidumbre manejan mi corazón, que late a un ritmo muy superior al habitual. La doctora nos recibe con una sonrisa y nos pide, a Papá en Apuros que es quien me acompaña y a mi, que nos sentemos.

La noticia del cáncer cayó como una bomba. Miraba a Papá en Apuros con la incredulidad del hiperrealismo. De repente parecía que había caído en una película: hasta se distorsionó en mi mente la percepción de los colores. Eran más vívidos. La cabeza me centrifugaba a mil por hora. Y la doctora me dijo algo que se me quedó grabado:

—Ya verás como dentro de poco estamos aquí habiendo pasado todo ya.

Me aferré a eso como a un clavo ardiendo y hoy, más que nunca lo tengo presente.

¿Por qué hoy?

Hoy hace exactamente un año de esa escena. Hoy es 23 de marzo, el día que resultó fatal. Hoy hace un año que me dijeron que tenía cáncer. Evidentemente lo tendría desde antes, pero claro, la maquinaria se puso en marcha entonces.

Entonces no era capaz de visualizarme en un futuro. A ver, esto es así, es mucho más sencillo echar la vista atrás y hacer un balance que imaginar las consecuencias de algo. He de admitir que pensaba que estaría mejor de lo que estoy ahora. Pero es que tenía una idea un tanto equivocada de lo que sería el tratamiento.

No, no digo que no supiera que la quimio y la radio serían duras. Pero tenía en mente que una vez terminara con ellas, mi cuerpo tardaría un tanto en «limpiarse» y luego haría mi vida normal como si no hubiera pasado nada. Y no ha sido exactamente así.

Un tsunami

Estoy fenomenal, vaya por delante. He dejado atrás los malos momentos, la falta de fuerzas, la pesadez de piernas. Me miro al espejo y me veo estupenda. Algo más gorda, pero tampoco es que me prive de nada, así que no le vamos a echar culpas a otras cosas. Aunque podría, eh, que si quiero saco excusas para todo.

Pasé el tratamiento, tuve mi tiempo para que mi cuerpo «se limpiara», pero la vuelta a la normalidad ha sido más complicada. No soy la misma que era. Ni por fuera ni por dentro. Por fuera porque es como si por mi cuerpo hubiera pasado un tsunami: una ola gigantesca que ha descolocado un montón de cosas. Para empezar, no sé si os acordáis que mi ovario derecho ahora está alojado a la altura de las costillas.

Pero hay más: me duelen las caderas, no tengo elasticidad en las piernas y me cuesta mucho hacer ejercicio. Pero lo peor, con diferencia, es la menopausia. Por obra y gracia de la quimio, mis ovarios se pusieron en huelga y dicen que no producen hormonas. Según mi ginecólogo están aturdidas porque han recibido una paliza, y hay que darles tiempo para que espabilen. Les estoy echando cubos de agua, pero no hay manera.

El otro día hablaba con otra mujer que había padecido un cáncer y me dijo que a ella le volvieron a funcionar a los dos años. Y yo me acongojé. Porque no sería justo. Estoy pasando unos calores horrorosos, que no me dejan dormir. He engordado (¿lo veis? La excusa perfecta) solo de tripa porque no tengo los estrógenos que le dicen a mi cuerpo que debe acumular grasa en las caderas. Me han salido pelos negros en el bigote (el otro día por la mañana me asusté al ver a un señoro en el espejo y resulté ser yo). ¿Y todo este padecimiento para qué? ¿Para que dentro de dos años me vuelva a venir la menstruación? Otra vez a sangrar cada mes. ¡Si es lo único bueno que tengo ahora!

Con una crueldad añadida: que no dentro de muchos años me vendrá la menopausia natural y ya sabré a qué me enfrento. Creo que voy a tener pesadillas con esto durante muchos años. Ahora no duermo de los calores, pero luego no dormiré del miedo. Eso sí que da para una peli de terror…

Siempre positiva

Creo sinceramente que no me puedo quejar. Porque salvo esas pequeñas taras estoy divina. Hago vida normal, aunque acabo mucho más cansada que antes. Hasta ahora no hay nada que haya dejado de hacer por los efectos secundarios de los tratamientos. Quizá las haga de distinta manera, quizá me lo tome todo con más tranquilidad, pero no he sentido pérdida.

Me considero una privilegiada. Sé de casos que no es así, que los tratamientos han supuesto un cambio de vida radical, y no para bien. No me gusta pensar en lo que podría haber pasado, pero a veces una neurona rebelde se va por esos derroteros y no puedo dejar de dar gracias por haber salido casi airosa.

Y desde luego, mentalmente, he aprendido mucho. Ahora vivo la vida sin prisas, pero sin pausas. He perdido el miedo que tenía a hacer algunas cosas, y me lanzo a por todas. Como con esta aventura de escribir. Mi libro benéfico está gustando mucho y me están llegando mensajes muy positivos de las personas que los leen. Ayer mismo una compañera de trabajo me dio un súper abrazo que me llenó de calor el alma, pero para un año por lo menos. Por cosas como estas, gracias. Gracias a las personas que me leéis, gracias al equipo médico que me trató y gracias a Voldemort, porque un año después de aparecer en mi vida, es historia antigua.

 

Dale al botón para suscribirte a la newsletter
Recibirás un email cada quince días con salseo y algún contenido exclusivo: capítulos de mi novela, relatos inéditos, etc
Al enviar tus datos estás aceptando nuestra política de privacidad

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.