novelas chicklit románticas

5 novelas chicklit románticas que NO leer en la playa

¿Por qué una entrada con 5 novelas chicklit románticas que no llevar a la playa? Podría decir que quería ser original, salirme un poco de la norma, o apelar a mi rebeldía innata. Pero no sería del todo cierto. La verdad es que la semana pasada, cuando escribí la entrada de 5 novelas chicklit que llevar a la playa estuve pensando en mis lecturas veraniegas de otros años. Y fue ahí cuando surgió la idea.

¿Por qué no llevar novelas chicklit románticas a la playa?

novelas chicklit románticas

No, no va a ser por preservar su integridad. De eso ya te hablé la semana pasada. Pongo mucho cuidado a la hora de llevar un libro en la mochila junto a las toallas. El caso es que si hay recomendaciones de novelas chicklit románticas (o no) que llevar a la playa, eso será porque habrá un tipo de novela que no llevar.

Y con esto no quiero decir que voy a hacer un listado de novelas que no me han gustado nada. No, no. Los títulos que traigo hoy me han encantado, pero considero que su lugar ideal de lectura no es junto al agua, tumbada en una toalla.

Imagina. Llegas a la playa. Hace calor, y ya te está sobrando hasta el bikini cuando aún no has ni extendido la toalla. Después de una hora consigues colocar la sombrilla de forma que no se caiga (yo he optado por la media tienda de campaña del Decathlon, la plantas, te da sombra y no tienes que hacer un curso de ingeniería para colocarla), has puesto crema a la niña, que en todo el proceso no ha dejado de saltar a tu alrededor diciendo en bucle y sin parar: «¿Puedo ir al agua? ¿Puedo? ¿Puedo? ¿Ya? ¿Puedo ir al agua?», y hasta has conseguido quitarte el vestido pareo, quedarte en bikini sin morir de vergüenza y darte un chapuzón con la familia.

Vuelves a tu puesto de guardia. Has dejado al padre con la niña jugando en la orilla a hacer castillos. Te secas, te sientas, oteas el horizonte con cara de intensa (la inmensidad del mar, el sonido de las olas, el descanso de las vacaciones), coges tu libro y… ¡horror! No es el adecuado. Se te hunde el momento perfecto de foto de instagram.

Quizá el libro sea genial. Un buen libro. Pero para tardes de invierno en el sofá, para la intimidad de tu hogar. O quizá te esté gustando tanto y estés tan metida en la historia (una historia intensa, como tú cuando mirabas el mar) que cuando llega tu hija corriendo del agua gritando «mami, mami, ven a jugar» y te abrace, fría como un témpano y sucia de arena, no recuerdes lo que te costó tenerla y tengas la tentación de regalarla.

5 novelas chicklit románticas que no llevar a la playa

novelas chicklit románticas

Las novelas chicklit no siempre son cómicas. Algunas lo son, pero otras encierran un drama, aunque es verdad que en menor medida. Por eso he abierto el abanico hacia la romántica, que ahí sí que nos encontramos verdaderos dramones.

Porque eso es lo que estos cinco libros tienen en común: el drama. Son libros que me encantaron, que disfruté y con los que lloré. Con lo incómodo que es llorar leyendo, que quieres seguir pero las lágrimas no te dejan ver.

Si eres como yo, no te gustará llorar en público. Eso lo dejarás para la intimidad. Por eso: ponte en la situación de leer estos libros en la playa, o en la piscina. Llorando como una magdalena frente a un libro. Habrá quien piense que te duele un juanete, pero la mayoría del público te verá como una loca.

Siempre el mismo día, David Nicholls

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Según su sinopsis: Emma y Dexter se encuentran la noche de la graduación. Desde ese día que se conocen nos van narrando su vida, año tras año, viendo solo el 15 de julio. Es la primera de la lista porque es la culpable del post entero. No hubo nadie que me advirtiera y me lo leí en unas vacaciones, en la playa.
La historia tiene una premisa original: eso de contarla cogiendo el mismo día de cada año es un toque magistral. Luego además, es entretenida, bonita, te toca la fibra… Acabé llorando como una magdalena con las olas de fondo y mi marido mirándome como si fuera una extraterrestre.

Bajo la misma estrella, de John Green

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Este libro lo leí bastante antes de sufrir en mis carnes la pandemia del cáncer. Me gustó mucho cómo estaba enfocada la enfermedad de la protagonista, Hazel, porque en ningún momento ella pretende ni ser víctima ni, por supuesto, ejemplo de nada. Quizá fue su recuerdo, inconsciente, el que me hizo a mí misma vivir mi tratamiento con la mayor normalidad posible. Una enfermedad no te hace mejor persona inmediatamente, ni guerrera, ni pobrecita. La vives, asumes los riesgos y con suerte (influyen un millón de factores más, claro, no solo la suerte), la superas (y luego escribes un libro cuyos beneficios se destinan a la AECC).

La protagonista, de 17 años, sufre un cáncer que se extendió a los pulmones y necesita ayuda de oxígeno para respirar. Su madre considera que está deprimida y la manda a un grupo de apoyo en una iglesia. Allí conoce a Augustus, Gus, con quien vivirá con intensidad cada momento de sus vidas.

Está catalogada como novela juvenil, porque sus protagonistas son adolescentes, pero ya te digo yo que no hace falta ser adolescente para adorar esta novela. Es dura, es intensa, es espectacular, y con un final horrible y sorprendente a la par. Esta, por suerte, la leí en casa, porque menudos lagrimones me caían…

Yo antes de ti, de Jojo Moyes

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Hace poco escogí esta novela para romper una mala racha lectora. Sabía que el tema era algo peliagudo, pero ya había leído La chica que dejaste atrás de la misma autora, y pensaba que sería una novela ligera. Y lo es, dependiendo de lo que entiendas por ligera, claro.

La protagonista, Lou, es maravillosa. La amas desde el minuto uno, cuando la conoces contando los pasos que hay hasta la puerta de su casa. Vive una vida pequeña donde se encuentra muy a gusto, es su zona de confort. Pero todo ello cambia cuando acepta un trabajo de cuidadora por seis meses. Tendrá que cuidar a Will, un treintañero que vivía la vida a tope, sin fronteras, amante de los deportes de riesgo, pero que se quedó tetrapléjico cuando le atropella una moto.

Es una novela tan conmovedora que pasas por un carrusel de emociones: alegría, tristeza, ira, frustración. Sin que te des cuenta estás tan dentro de su historia que si lo leyeras en la playa al levantar la vista te daría un choque de realidad. Como si te hubieran teletransportado sin tu permiso. Y cuidado, que no es solo que sea conmovedora y te haga llorar. Es que te arranca un trozo de tu alma y se lo queda para siempre.

Violet y Finch, de Jennifer Niven

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Vuelvo con otra novela catalogada como juvenil porque sus protagonistas son adolescentes. Para las lecturas siempre me ha dado un poco igual las etiquetas, pero si tienes dudas sobre por qué leer este género siendo ya mayor, Ana González Duque te lo explica mejor que yo aquí (aunque ella se refiere a la fantástica juvenil, yo creo que es válido para cualquier juvenil).

Una tarde de invierno acompañé a Papá en Apuros a cortarse el pelo, y mientras esperaba (teníamos a MiniP entretenida en una cárcel de esas con bolas de colores) rebusqué entre las revistas que había encima de una mesita. Entre ellas encontré el avance de esta novela: una publicación que vendría con alguna revista que tenía los primeros capítulos. Decidí leerlo, y para qué. Me enganchó desde el principio, tanto, que me puse hasta de mala leche cuando se acabó y yo quería seguir con la historia.

Según salí de la peluquería entré en la librería de al lado (un buen *marketing*). Es una joya de libro que habla de trastornos que son tabú en nuestra sociedad. De principio a fin te engancha y no te suelta. Y cuando llegas al final… Ay, cuando llegas al final. Qué triste, pero qué lección te deja.

La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey, de Mary Ann Shaffer

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Sí, lo sé. Es la nota discordante de esta lista. No es un libro taaan romántico ni taaan juvenil, ni es un dramón de los de llorar. Además, es una novela epistolar, lo que la hace aún más diferente. Tiene en común con las demás que es un novelón. Una historia fantástica, que te atrapa enseguida y te transporta a la II Guerra Mundial, al asedio de una isla en donde hasta los invasores, los alemanes, pasan hambre. Y te enamoras de su gente, de su gran imaginación, de todos y cada uno de ellos.

Por eso está en esta lista. Porque no quieres dejar de leer, porque pese a que es una isla, la situación que se vive es extrema, y además, hace frío. Y que el choque entre la realidad de tu playa o piscina y la realidad de esa pequeña isla bajo el dominio alemán es tan fuerte que yo no me arriesgaría a sufrirlo. Seguro que no es bueno para tu cerebro.

 

Hasta aquí estas recomendaciones. Si lees alguno de estos libros junto al agua, en una postura cómoda en la toalla, y luego sufres algún tipo de trastorno (ya sea llanto incontrolable o choque de realidades), no digas que no te avisé.

Y tú, ¿tienes lecturas vetadas en algunos lugares? ¿Te da igual leer cualquier libro en cualquier parte? ¡Cuéntamelo en los comentarios!

Pilar G. Cortés

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Mamá, lectora compulsiva, escritora, superviviente de cáncer.

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