Mundo Chick Lit

Una madre chicklit real

madre chicklit real

Hoy se ha venido a jugar al blog Laila R. Monge, escritora y a pesar de ello amiga con la que no solo comparto una antología de relatos (sí, es esa Laila de Vamos a contar mentiras), sino que también tenemos en común ciertos aspectos que nos convierten, a cada una de nosotras, en una madre chicklit de verdad.

Como lo lees. Nos hemos escapado de una novela chicklit para vivir en la vida real situaciones que harían estremecerse a la mismísima Bridget Jones. A ella la querría ver en alguna de estas. No habría vino suficiente para soportarlo.

Y sin más dilación, te dejo con Laila:

Laila R. Monge es una madre chicklit real

Hace tiempo, Pilar nos contaba 5 situaciones Chicklit que podrían pasarle a cualquiera.
Un vestido prestado, una cafetera que te la juega o la caída más absurda. ¿Quién no se ha visto reflejado en alguna de esas situaciones? Por eso me he decidido a contarte un poco más de mi vida de madre Chicklit.

Poco tengo que ver con Bridget Jones. No fumo y me es indiferente mi peso. Pero me he fijado y cumplo los 7 pasos de la literatura Chicklit:

  • Soy una mujer, doy fe de ello porque además he sido madre cuatro veces.
  • Me encanta escribir en primera persona. Ya sea porque mi novela es autobiográfica o porque me meto en el papel de una señora de pueblo. Pero lo mío es hablar de tú a tú.
  • ¿Problemas de mujeres? ¿Qué me vas a contar? De esos tengo cada día.
  • Superación es mi apellido. Menos mal que, hasta el momento, voy saliendo airosa de todos los imprevistos.
  • Ironía: he de reconocer que me tomo con humor mis propios fallos.
  • En mi vida hay personajes Chicklit, y también en mis historias. Qué sería de mí sin esa amiga que me animaba a ponerle nombre a una relación, y qué sería de Sonia sin su amiga Noa en mi novela  Desesperada.
  • Amor verdadero: yo tengo varios. Si has leído Un velo de libertad, sabrás que nuestra relación no era de película. Pero del amor que quiero hablarte hoy es del amor a los hijos, que es el que nos lleva a convertirnos en mamás en apuros.

De franceses, patatas y un toque de humo

Mi error más gracioso ocurrió cuando vivía en Francia. A mi llegada no hablaba ni entendía una sola palabra del idioma y fue a base de convivir el día a día como aprendí a francés.

Patatas de una madre chicklit real

Aprendí enseguida el nombre de las manzanas: pommes. Un día, caminando por la sección de congelados, me paré a mirar unas tortillitas vegetales, las gallettes. Dispuesta a descubrir esa especie de hamburguesa tan llamativa, cogí un paquete y me fijé en sus ingredientes: oignons (cebollas), carottes (zanahorias) y pommes de terre. Segura de haber entendido lo que ponía, lo dejo en su sitio y camino hacia donde estaba mi marido. Sonriendo, le digo:

—Vaya cosas más raras comen aquí. Hay unas tortitas ahí que llevan cebolla, zanahoria y manzana.

Él, ajeno a lo que yo había visto, me dio la razón. Hasta que, unos minutos después, en la sección de fruta y verdura, me paré frente a un cartel de ofertas que ponía, de nuevo “pomme de terre”. Volví a preguntarle a mi marido, que por suerte sabía más francés que yo.

—Oye, y las manzanas esas de la oferta, ¿dónde están?

Me mira sorprendido, se gira hacia el cartel y me dice:

—¿Qué manzanas?

Totalmente convencida, le digo:

—Esas que pone ahí pommes de terre, manzanas del terreno.

Estalló en tal carcajada que, todavía hoy, pasados unos años, nos reímos los dos al recordar de qué forma aprendí el nombre de las patatas en francés. Que no podían llamarse patatas o, como en inglés, potatoes. Tenían que meter de por medio a las pobres manzanas, que nada tienen que ver, para llamar a las patatas pommes de terre.

Vida de madre Chicklit (o mamá en apuros)

Si has conseguido parar de reírte tras esta anécdota, creo que es momento de describir un día cualquiera de mi agitada vida de madre Chicklit.

Cada día tengo que levantarme la primera para despertar a cuatro niños, prepararles el desayuno, comprobar que se vistan correctamente y hacerlo yo para los más pequeños, meter los almuerzos en las mochilas y salir corriendo al colegio y la guardería.

Con tal estrés comienza cada uno de mis días: vigilando que la mayor salga a la calle bien peinada y que el tercero no tenga el zapato del pie izquierdo en el pie derecho.

Mientras ellos están en el colegio yo me encargo de cuidar a la bebé, hacer las tareas del hogar como buena maruja de su casa y preparar la comida para cuando los recoja.

Después de recuperar a cada niño, vamos a casa, comemos juntos y tenemos un par de horas hasta las actividades extraescolares.

Mientras los mayores están fuera esas dos horas de la tarde, me afano en preparar algún bizcocho casero, la cena y otros quehaceres.

Pero, espera, ¿todavía no te he dicho que soy escritora?

Porque, entre mi apretada agenda, cada día tengo que rascar unas horas para dedicarme a lo que me hace feliz: escribir y atender blog y redes sociales.

Madre chicklit real trabajando en el ordenadore

La situación mamá en apuros

Ese momento en el que te das cuenta que tus hijos salen en diez minutos y tú todavía estás frente a la pantalla del ordenador, metida de lleno en una escena maravillosa de tu nueva novela o dando los últimos retoques a un post del blog. Entonces, de un respingo, te levantas de la silla como si saltando adelantases tiempo, y te dispones a llegar a tiempo. Pero, oh ley Murphy que todo lo tuerces, entonces la bebé se acuerda de que no había hecho sus necesidades y te hace volver desde la puerta del ascensor para cambiarla y ver cómo se pierden esos diez minutos que quedaban, mientras recuerdas también que se te ha olvidado hacer la comida.

A ver, a ver, no te alarmes, que esto es una situación que ocurre con muy poca frecuencia. Mis hijos son siempre prioridad. Pero eso no quita que pueda equivocarme de vez en cuando porque soy humana y tengo demasiadas cosas en mente. Por eso, el error más frecuente es que aparezca la chaqueta del niño entre la ropa de la niña, que les deje sobre la cama la ropa que debería ponerse su hermano al día siguiente y me lleve la suya a la cama del hermano, o que simplemente no acierte con los nombres de mis hijos.

¿No crees que estas situaciones dan para una novela Chicklit?

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¿Qué os parecen las aventuras de Laila como una madre chicklit real? No sé a ti, pero a mí me han sucedido más de una y más de dos, aunque mi vida de madre es mucho más sencilla que la suya, porque tengo tres hijos menos. No me quiero imaginar qué hubiera sido de mí si a MiniP se le hubieran unido tres hermanos o hermanas más. Creo que en lugar de abrir un blog me habría abierto las venas.

No, es una forma de hablar, no se me ocurría nunca. Con lo mal que se quita la sangre.

Y tu, ¿cuál es la situación de madre chicklit real te ha sucedido? Aunque no seas madre puedes contestar, porque seguro que alguna cosilla absurda te ha pasado alguna vez. Cuenta, cuenta…

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