Más allá del chicklit

Mis 7 lugares románticos para leer

Lugares románticos para leer

Los que somos lectores empedernidos podemos leer en cualquier sitio, pero esto no quiere decir que no tengamos nuestros lugares de lectura favoritos. Hoy he querido reflexionar sobre ello y os traigo siete lugares románticos para leer.

Si lees nunca estarás solo

¿Por qué? Te estarás preguntado. Es normal, la curiosidad es la más común de las virtudes humanas. ¿O no era un virtud? Supongo que depende de a quién le preguntes. A mi abuela no le gustaba mucho que fuera curiosa, pero tampoco le gustaba que me abstrajera leyendo, porque estaba sola muchas horas.

Lo que mi abuela ignoraba es que no estaba sola. Tenía mucha compañía, tanta, que no cabían en el sillón o la silla donde estuviera sentada, y por eso nos teníamos que trasladar todos a mi imaginación. Una vez allí cerrábamos la puerta y ya me podían gritar mi nombre al oído que no les escuchaba. Estaba en mi mundo, como les gustaba decir con poco cariño.

Lugares románticos para leer

¿En qué piensas cuando digo lugares románticos para leer? A mí me viene a la mente uno en concreto, pero te hablaré de él en último lugar, porque tiene algo muy especial.

Pero si lo pienso con más profundidad, encuentro más lugares que podrían tener esa pátina de romanticismo. He tenido la gran suerte de leer en todos excepto en uno de ellos, pero con tiempo lo subsanaré. Qué mejor placer hay que coger un libro y encerrarte con él en alguno de los lugares románticos para leer que te voy a proponer a continuación. A ver con cuál te quedas tú.

Playa

Valentina en la playa
Valentina es un buen libro para leer junto al mar

Quizá pienses que la playa no pueda ser uno de los lugares románticos para leer, pero a mí sí que me lo parece. Estoy pensando en las playas del norte, las de Asturias, que es lo más cercano al paraíso que conozco. Me encanta sentarme a leer a la sombra de un risco. Si miro al frente, veo el mar, con su movimiento rítmico cuyo sonido te va meciendo con suavidad Si miro hacia atrás puede que vea a alguna vaca pastando en los prados que hay en las montañas. Se escuchan risas de los niños que, sin ningún miedo, se atreven a meterse en el agua fría. Ves las gaviotas sobrevolar la costa en busca de cangrejos de los que alimentarse. Eso sí, recuerda que no todas las novelas románticas sirven para leer en la playa.

Y lo mejor: mi hija está entretenida con su padre, metiéndose en el agua, inspeccionando cuevas o jugando en la arena. Es uno de los grandes placeres de mis vacaciones.

Cabaña de montaña

Lugares románticos para leer : cabaña

Imagina: fuera está nevando y hace frío, dentro tienes tu chimenea encendida con un fuego tan hipnótico como agradable es su calor. Hay un sillón cerca de la chimenea, firme y acogedor. Detrás, una librería llena de posibilidades encuadernados en rústica. ¿Es o no es uno de los lugares románticos para leer? Porque a mí me parece que se acerca mucho a mi ideal de felicidad.

Y en este imaginar también imagino al padre y a la hija esquiando mientras yo me tomo un chocolate calentito a la vez que disfruto de un buen libro.

Este es el único de los siete lugares románticos para leer que no he probado en mis carnes, pero si algo me ha enseñado la lectura es a imaginar. Y ahora me imagino en esa cabaña y me dan ganas de encender el canal de chimenea que tiene Netflix y abandonar a mi hija en el colegio, porque yo me quedo en casa leyendo. ¿Será capaz MiniP de perdonármelo? Mejor no me arriesgo y lo dejo para otro día.

Hotel rural con encanto

Un hotel en ninguna parte

Este es muy parecido a la cabaña, pero no es igual. La cabaña tiene que ser impepinablemente en invierno, y nevando. Para poder tener la chimenea encendida y los cristales de las ventanas escarchados. El Hotel rural con encanto es uno de los lugares románticos para leer que puedes usar tanto en invierno como en verano.

Aunque yo recomiendo la primavera. Los hoteles rurales suelen estar situados en lugares muy pintorescos, rodeados de naturaleza, de prados en los que pastan vacas, de vallas de piedra que delimitan esos prados, y suelen tener tanto fuera como dentro sillas y mesas para poder comer, o para sentarse al fresco.

Una vez estuvimos en uno que tenía una gran parcela cubierta de césped, con unos columpios para los niños y mesas y sillas fuera. Fue tan bonito y tan bucólico sentarme allí con mi libro mientras MiniP hacía amigos en los columpios y jugaba con ellos (y me dejaba leer en paz).

Para este lugar vendría genial Un hotel en ninguna parte de Mónica Gutiérrez, aunque cualquiera de sus novelas encajarían perfectamente con el entorno.

El Retiro

El retiro
Leer con estas vistas es espectacular

En El parque del buen Retiro se celebra cada año la Feria del libro de Madrid. Pero no hace falta ir a finales de mayo/principios de junio para disfrutar de la lectura en uno de los lugares románticos para leer que te traigo hoy a colación. De hecho a mí me gustaba, de jovencita, ir al Retiro con los amigos, a tumbarnos en el césped a hablar de la vida, de lo que iba a ser de nosotros en el futuro y a leer.

Porque daba igual dónde fuera que yo siempre llevaba un libro encima, y a veces la conversación con los amigos decaía, y cada uno se ponía a pensar en sus cosas y se hacía el silencio. Entonces yo sacaba mi libro y me ponía a leer un rato. Pero eso no tiene nada que ver con mi fama de rara.

Tampoco es cierto que fuera sola al Retiro y allí me sentara cerca de un grupo de gente para imaginar que tenía amigos. Para nada.

Starbucks

¿Qué tiene de romántico Starbucks? Que te rompe el corazón a la hora de pagar. 6 euros por una magdalena que se cree mejor que las demás porque tiene nombre propio (muffin) me parece exagerado. Pero tiene sillones variados y me recuerda un poco al Central Perk, de Friends, por lo que siempre será uno de mis lugares románticos para leer.

Además, como está frecuentado por hípsters y modernillos con gafas sin cristales, que sacan sus ipads y teclean como si estuvieran trabajando, me siento menos rara cuando saco mi libro frente al frapuccino de quinientos euros y leo tranquilamente.

Lo malo es que cada vez que voy el resto del mes no como, vivo del aire. Y no, no es cierto que ponga la cubierta de Guerra y Paz a los libros de Ken Follet. No soy tan petarda, leo a Ken Follet a la luz del día porque tengo derecho a mis debilidades y vicios.

Venecia

Venecia unos de los lugares románticos para leer
Un lugar mágico para leer

Ah, Venecia, la ciudad del amor. O al menos a mí me lo pareció cuando la visité. Venecia tiene un encanto especial, quizá porque al ser una ciudad sobre las aguas no está permitido el paso de coches. Los taxis son acuáticos y aún subsisten las famosas góndolas. Paseas por sus calles y ves palacios que datan del siglo XV, por lo menos, y si cierras los ojos casi puedes viajar en el tiempo.

Cuando estuvimos allí nos alojamos en una buhardilla con vistas a un canal (un canal menor, que no nos daba la economía para excentricidades) y me pareció tan bohemio que tuve que hacer tres cosas. La primera es de la que más me arrepentí: me fumé un cigarrillo pese a que hacía un año que lo había dejado. Pero en mi cabeza se reproducía la imagen de la escritora bohemia en una buhardilla con su máquina de escribir y su cenicero lleno de colillas que tuve que hacerlo. No lo terminé, lo apagué antes de que me ahogara. Lo segundo ya lo he insinuado: no tenía máquina de escribir pero sí cuaderno y pluma. Y lo tercero es evidente, si no no habría nombrado Venecia como uno de mis lugares románticos para leer favoritos: saqué mi libro y me puse a leer.

Lo malo es que estaba tan emocionada por estar en Venecia leyendo que no me enteré de mucho y al rato tuve que dejarlo a un lado. Lo bueno es que estaba de luna de miel y no os voy a contar qué se hace en una luna de miel en Venecia… ¡Hacerse la foto en el puente de los suspiros! ¿Qué te habías pensado?

El Pueblo

Dominga
Desde hoy en Amazon

He dejado el mejor para el final. Podría ser parecido a la cabaña o a la casa rural, si no tienes pueblo, pero el caso es que yo sí que lo tengo. A ver, me explico, no es que me haya comprado uno, ojalá. Es que teníamos una casa en el pueblo a la que íbamos de vacaciones cuando era pequeña. Todas las vacaciones de mi infancia las he pasado allí, y como ya sabes es en la época estival cuando más se lee, de modo que calculo que en el pueblo habré leído al menos la mitad de todos los libros de mi vida.

¿Y por qué es uno de los lugares románticos para leer? Porque no solo leía dentro de la casa. A la hora de la siesta, cuando los mayores dormían y a los pequeños no nos dejaban ni hacer un ruido, me cogía mi libro y me iba a la naturaleza a leer. Tenía un sitio secreto, al que se llegaba cruzando por encima de las piedras de la regadera, hasta llegar a un pequeño claro. Allí había una piedra junto a un árbol al que solo le faltaba tener mi nombre grabado. Allí he leído muchísimos libros, arrullada por el sonido del agua y de los animalillos del bosque, conejos sobre todo. Pero también culebrillas que sonaban a cascabeles.

Este es el escenario también de mi último relato que sale hoy a la venta en Amazon. Dominga: un relato feelgood sobre la amistad entre generaciones habla de que Leire, la protagonista, se retira al pueblo para superar su bloqueo creativo. El pueblo de Leire es el mío, el de mis recuerdos, con sus poyetes de piedra junto a las casas y la vida externa con los vecinos. Un pueblo con una sola librería y cuatrocientos bares, en el que dentro de casa no hay cobertura.

Espero haber dejado reflejado en el relato el amor que siento por ese lugar que siempre permanecerá intacto en mi memoria, porque ha pasado a formar parte de la única patria que existe para el ser humano: la infancia.

Si te llama la atención puedes leer Dominga gratis si tienes Amazon Unlimmited, o por menos de lo que te cuesta un café si no dispones de ese servicio. El pueblo y el amor que siento por él es el mismo en cualquier caso.

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