El parchís y los personajes de las novelas chicklit

personajes chick litDe vez en cuando, como mamá en apuros, o como un personaje chicklit, me encuentro en situaciones que no me gustan. Ahora mismo, en el trabajo, me siento un tanto manejada, al antojo de alguien que bien podría haber salido de El diablo viste de Prada.

Pero ni esa persona es jefa, ni viste elegante. Nada más lejos de la realidad. Pero tiene una cierta situación de poder desde la que está manejando a su antojo a la gente, y yo lo veo, me siento manipulada, pero no encuentro modo de pararlo.

No es el mejor momento

De esto me gustaría hablar en otra ocasión, porque aún es más reciente, pero tiene que ver con mi estado anímico, por lo que debo nombrarlo ahora. Hace dos días que tuvimos que llevar a mi pequeño gato al veterinario para que le ayudaran a cruzar el arcoiris. Llevaba dieciséis años con nosotros, y conmigo tenía un vínculo especial. Con solo mirarme ya sabía lo que quería.

Con esta pena en el alma me he visto incapacitada para hacer otra cosa que observar y callar. Y me he dado cuenta de lo vulnerables que somos las personas, sobre todo cuando recibimos la información contada con un cierto tono intencionado, haciendo juicios de valor y dejando silencios que las mentes de la masa, ya conducidas, rellenan siempre con los pensamientos esperados. No hay sorpresas.

Jugando al parchís

Como una no deja de ser madre, a la vuelta del trabajo tuve que ejercer como tal. Nos pasamos la mitad de la tarde con la rutina de siempre: ella haciendo los deberes y yo escribiendo, pero cuando termina la obligación es hora de salir al parque a jugar. Sin embargo, al ser un día raruno, MiniP no quería bajar y a mi tampoco me apetecía, por lo que agradecí quedarnos en casa. Por compensarla se me ocurrió sugerirle que jugáramos a un juego de mesa que le trajeron los reyes y que es muy interesante. Se llama Pachtwork y debes ir haciendo una «manta» con piezas parecidas a las del tetris.

Pero no, a MiniP no le apetecía. Tuvo que decir las palabras malditas: «Mamá, ¿jugamos al parchís?»

Personajes chicklit a través del juego

Jugamos al parchís. Hay días que no le puedo negar nada a mi hija. Y fue así, jugando al parchís, que me vino una gran epifanía. Me di cuenta gracias a la inocencia de mi hija, que era la misma que tenía yo a su edad. Y me temo que aún sigo teniendo.

Cuando era pequeña en casa jugábamos mucho al parchís. Era de las pocas cosas que le gustaban a mi padre, y de vez en cuando nos sentábamos los cuatro —mi padre, mi madre, mi hermana mayor y yo, porque estos recuerdos son de cuando era como MiniP y mi hermana pequeña aún no había nacido— a jugar en el cuarto de estar. Se ponía el tablero encima de la mesa camilla y repartíamos los colores.

fichas parchís

Mi padre era un tiburón. Para él primaba comer a los demás antes de que le comiéramos las fichas a él. En una novela chicklit sería el jefe estricto pero de buen corazón. Mi hermana le imitaba. Su objetivo no era llegar antes a casa y contarse diez. Su objetivo era que los demás no lo hicieran: ella sería una antagonista, primero lo pone muy difícil pero al final acaba ayudando a la protagonista.

Yo era más inocente. Mi concentración estaba en llegar a casa y que no me comieran. Pero no estaba atenta a comer a los que se me ponían por medio. Una heroína chicklit por excelencia.

Ayer me di cuenta de que MiniP era igual que yo. Con la inocencia de sus siete años, su objetivo del juego era dar la vuelta al tablero sin que la comiera. Tan concentrada estaba en ello que perdió la oportunidad de comer mi ficha hasta en dos ocasiones. Se lo dije, por supuesto. Cuando ya había movido la otra ficha, claro, que una es buena pero no tonta. Y aún así sé que la próxima vez que juguemos al parchís no será capaz de ver si me tiene a tiro para comerme.

Dime cómo juegas al parchís y te diré cómo eres en la vida

Se puede saber cómo es una persona según te comportas en el parchís. O al revés, sabes cómo jugaría una persona al parchís según sea ella en su vida. No dudo de que la persona que os digo de mi trabajo, la del Diablo se viste de Prada pero sin Prada, trucaría los dados para conseguir sus objetivos. Iría a comerse todas las fichas que se le pusieran en el camino.

Película chick lit
Imagen obtenida de aquí

La vida es como una novela chick lit

Yo estoy en su camino en la vida, y la verdad es que no sé muy bien qué hacer para que no me coma. Aunque sé que la vida no es una novela chick lit, no es la primera vez que me encuentro en una situación de poderes desigual. En la vida, como en las novelas, al final he acabado triunfando. Y las cicatrices, que algunas me han quedado, me sirven para recordarme que cada vez me hago más fuerte.

Me queda tan solo intentar enseñar a MiniP algunos trucos para que espabile, y que su andadura en la vida sea algo menos accidentada. Pero es difícil, porque cada persona somos de una manera distinta y es casi imposible cambiar nuestra naturaleza. Pero no estaría en apuros si no lo intentara al menos, ¿no?

Pilar G. Cortés

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Mamá, lectora compulsiva, escritora, superviviente de cáncer.

2 Comments

  1. Abuela Tere
    21 mayo, 2018

    En la vida hay que ser honest@, sí los demás no saben apreciar la honestidad,es problema suyo, sigue siendo como eres tú 😍😍😍😍💓💓💓💓

    Responder
    1. Pilar G. Cortés
      25 mayo, 2018

      Me guste o no, me han criado en esa creencia. La honestidad por encima de todo. Y aunque no sea de las que comen fichas, tampoco soy de las que se dejan comer…
      ¡¡Besotes, ma!!

      Responder

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