5 comedias románticas con malentendido

 

…O cómo pasé de adolescente a adulta en cinco películas

Me encanta el cine, y qué mejor para pasar un rato sin pensar en nada que ver comedias románticas con malentendido. Ese rato, una hora y media, en la que estás pendiente, primero de cuando cuelan la mentira, el malentendido o el engaño, no piensas en nada que no sea la película. Luego sufres cuando lo descubren. Porque siempre lo descubren. Pero sabes que siempre acabará bien, no como en la vida real que metes la pata, pero a veces, por mucho que te disculpes, no es suficiente. En las películas al menos siempre hay un final.

Comedias románticas con malentendido

Vale, me confieso, el tema de hoy no es gratuito. Como ya conté la semana pasada, estoy en plena promoción, junto con cuatro escritoras más (Izaskun, Laila, Inma y Alicia) de nuestro libro benéfico, a favor de Open Arms, Vamos a contar mentiras. Saldrá el próximo día 29 de noviembre y ya lo tienes en preventa en digital. Pero mientras tanto he pensado en qué podría contar que fuera hilado con el tema, y como llevo una temporada de leer poco, pero de ver más cine (en Netflix, no os vayáis a creer), pues se me ha iluminado la bombilla.

Porque el género de la comedia romántica en las películas es bastante parecido al chicklit. Como ya conté aquí la principal diferencia radica en la importancia de las historias de amor. En las comedias románticas con malentendido, este engaño siempre hace que los dos protagonistas se conozcan y se enamoren, que luego pasen un bache (cuando se descubre la verdad) para terminar con final feliz. Lo del final es primordial: si no hay un final feliz pide que te devuelvan el dinero.

No soy romántica, pero…

Nunca me he considerado una persona romántica. Y aquí me tienes, dándole a la tecla que escribo más veces la palabra amor (y sinónimos) que la conjunción pero (y la escribo mucho). Pero (¿lo ves?) siempre me han gustado las comedias románticas con malentendido. De hecho las más modernas que traigo hoy son de 2003. No sé si es que no he investigado mucho o es que me hago mayor. Y ya lo cantaba Karina, que buscando en el baúl de los recuerdos (uuuh), cualquier tiempo pasado nos parece mejor.

El problema es que la primera película que me ha venido a la cabeza es del 95 (sí, de antes de cambiar de milenio, que así de antigua soy), y creo que mis neuronas ya no han sido capaces de encontrar comedias románticas con malentendido mucho más allá de esa fecha. Es que es pensar en ese año y cortocircuito. No tenía ni la mayoría de edad.

Me siento mayor.

De adolescente a adulta en 5 comedias románticas con malentendido

Haciendo el repaso de estas cinco películas me he dado cuenta de que cuando vi la primera era una adolescente, y con la última ya llevaba viviendo (en pecado, según mi abuela) con mi marido un año (pero aún nos quedaban otros dos para casarnos). De modo que con tu permiso (o incluso sin él, como canta Búnbury) te voy a hacer un pequeño croquis de mí misma en esa época a la par que os hablo de estas 5 comedias románticas con malentendido en orden cronológico. A ver cuántas has visto.

Mientras dormías (1995)

En 1995 tenía el pelo corto y vestía casi siempre de negro y con ropa ancha. Iba de pasota (bueno, no iba, es que lo era) y tenía mucha soberbia. Eran mis 17 años. A pesar de todo (o además de), fui a ver esta película al cine. Y no obligada (como me ocurrió con Titanic), no. Porque quise.

Adoraba a Sandra Bullock. Me parecía todo lo que yo quería ser (alta, guapa y rica), y además estaba Peter Gallagher, que para mi yo de entonces era guapísimo.

Es la primera película que se me ocurrió al pensar en comedias románticas con malentendidos. En esta película se podría decir que Sandra Bullock miente, pero en realidad aprovecha un malentendido con la familia de Peter Gallagher, que queda en coma por un accidente en el metro. No desmiente nada y eso la mete en un lío más gordo.

No se lo digas a nadie, pero justo eso es lo que le pasa a Elena, la protagonista de mi relato de Vamos a contar mentiras. No, no se encuentra con la familia de su amor platónico y la confunden con su prometida, pero sí que está en el lugar equivocado en el momento idóneo, y decide no desmentir el error.

Si no la has visto, no sé a qué esperas. Es verdad que Bill Pullman no es el típico galán, pero aquí da el pego.

Siempre queda el amor (1998)

Avanzamos tres años, yo ya he cumplido 20 y aún no he conocido a mi marido. Pero tampoco tengo prisa, soy una mujer liberada y aunque aún no le he puesto nombre aun, feminista. He variado el peinado, me lo he dejado largo porque he descubierto el corte a capas que me ha salvado la vida (y la melena).

Sin embargo, en el fondo, sigo siendo la misma. Porque sigo adorando a Sandra Bullock y veo cada comedia romántica que protagoniza. Aunque debo ser más pobre porque esta no la vi en el cine, la vi (atención, que esto es para nota) porque la alquilé en el Videoclub.

Inciso: niñas y niños de la sala, el Videoclub era una tienda donde llegabas y te hacías un carné de socio (que costaba dinero), gracias al cual después podías alquilarte películas en VHS (más tarde también DVD), durante un día o dos, dependiendo de las normas de la tienda.

En esta peli no hay malentendido: hay engaño directamente. Sandra Bullock huye a su pueblo natal con su hija cuando descubre que su marido le pone los cuernos. El problema es que lo descubre a la par que todo Estados Unidos, porque el desliz sale en prime time. En el pueblo consigue trabajo en la tienda de fotos (esto lo explico otro día, mejor, que ya me han salido dos canas nuevas) y se reencuentra con Harry Connick Jr, que es mucho mejor galán que Bill Pullman.

10 razones para odiarte (1999)

Un año después me enamoro de Heath Ledger en esta película. De él y de Julia Stiles. Esta también la vi en casa, con mis dos hermanas mirándome fijamente con la boca abierta. Y es que el personaje de Julia Stiles bien podría haber estado basado en mí, si yo hubiera nacido en Estados Unidos.

Esta peli valdría la pena solo por la escena en la que Heath Ledger le canta a Julia Stiles en las gradas del campo de fútbol. Pero no solo por eso es buena. Al fin y al cabo es una revisión de La fierecilla domada de Shakespeare. Y a ver quién le tose a Shakespeare.

Por si te lo preguntas, en el 99 llevaba el pelo corto, pero la ropa ya no era ancha. Iba enseñando el ombligo y me ponía falditas cortas por encima de los pantalones. Se llevaba así, eran los finales de los noventa. Y nos quejamos de los ochenta (esas hombreras), pero los noventa tardíos y dos mil tempranos tampoco es que fueran la repanocha con respecto a la moda.

Cómo perder a tu chico en 10 días (2003)

Han pasado cuatro años y, atención, no solo he conocido a mi marido, sino que ya llevamos un año viviendo juntos. La convivencia al principio no es fácil, pero la vamos superando. La transición a una vida de adulta en la que te ocupas de una casa entera se hace un poco cuesta arriba, pero en cuanto dejo de intentar encajar en modelos que no son para mí, todo se soluciona.

En esta película, que vi en casa porque llevaba un año pagando una hipoteca y era pobre, Kate Hudson es una periodista en una revista para mujeres. Y la editora jefa le encarga un reportaje, que entre pitos y flautas, se acaba convirtiendo en una apuesta para ver cuánto tiempo le aguanta su cita, Matthew McConaughey, si ella se comporta de una determinada manera que está demostrado que espanta a los hombres.

Lo sé, no es el súmun del feminismo, pero McConaughey está muy guapo y Kate Hudson se convirtió en la sustituta de Sandra Bullock. Además, fue antes de conocer a una periodista loca que trabajaba en una revista de mujeres de verdad, que me contó que la mitad de esos reportajes se los inventaban.

Aún así, creo que la volveré a ver. Solo por criticar, claro.

Love actually (2003)

Nos quedamos en el 2003 (ay, ojalá, era joven y dormía del tirón), para la última comedia romántica con malentendido. Es quizá la que menos malentendidos tiene, aunque está aquí por esa escena final con Keira Knightley en la que Andrew Linconl le declara su amor mediante carteles. Ese que ponía: «Para mí, tú eres perfecta», me volvió loca.

Vale, puede que sí que sea un poco romántica, pero no se lo cuentes a nadie.

Desde su estreno se ha convertido en un clásico de la Navidad, porque está ambientado en esa fecha. Es una película coral, que cuenta la vida de diez parejas, cada una con su problemática. El reparto es espectacular. Y no lo digo porque Keira Knightley sea una de mis actrices favoritas desde Quiero ser como Beckham.

Y, por si eres como yo que ha vivido en una cueva los últimos ocho años, los que tiene mi hija, (secuestrada por Peppa Pig, qué contrariedad), te cuento que investigando para este post he descubierto que tiene una segunda parte. Se trata de un corto de 16 minutos creado con fines benéficos que puedes ver en Internet. No es que sea una película, pero te echas unas risas. Y es curioso cómo después de tantos años, resulta que quien le dice a Keira Knightley que es perfecta, luego se fue a combatir zombies.

 

¿Se te ocurren comedias románticas con malentendido que sean más modernas? Si es así, por favor, dímelo en los comentarios porque me las apuntaré para verlas. Así la próxima vez no quedaré como una abuela Cebolleta contando historietas de la Prehistoria.

Y si te gusta el chicklit estoy preparando una súper guía de lectura con 50 (ni una ni dos, ¡50!) novelas que no te querrás perder. Para que te la envíe en cuanto esté lista puedes suscribirte aquí debajo. Además, de vez en cuando te contaré chismorreos. ¿Te lo vas a perder?

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Pilar G. Cortés

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Mamá, lectora compulsiva, escritora, superviviente de cáncer.

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