5 protagonistas chicklit de Sophie Kinsella

Protagonistas chicklit

Me chiflan las protagonistas chicklit.

Dentro de cada novela de Sophie Kinsella hay muchos personajes: la protagonista, que es siempre la que cuenta la historia, la amiga o amigas, los padres, el hombre al que conocen y del que acaban enamoradas y a veces hasta un fantasma.

Todos ellos siempre son geniales. El problema de la narración en primera persona es que conoces a la protagonista casi como a ti misma, pero del resto solo ves lo que ella te deja ver. Por eso hoy voy a hablar de cinco protagonistas de las novelas de Sophie Kinsella, concretamente de mis cinco favoritas.

Todas las protagonistas chicklit son iguales

Y todos los perros son iguales, que tienen dos orejas largas y cuando abren la boca dicen guau guau. Pero sabríamos distinguir un collie de un chihuahua, ¿verdad? Pues con las protagonistas de Sophie Kinsella pasa lo mismo. Tal como te conté en la entrada sobre Sophie Kinsella, normalmente están cortadas por el mismo patrón. Son chicas listas, pero inocentes, que tienen siempre buen corazón y buenas intenciones. Pero las circunstancias en las que las conocemos no son las más favorables de su vida.

Sin embargo las vemos avanzar entre sus complicaciones, las vemos crecerse ante la adversidad y salir reforzadas de situaciones a veces vergonzantes. Emergen como si hubieran estado en una crisálida y se convierten en mariposas ante nuestros ojos. Y mientras tanto, nos entretienen de lo lindo.

Becky Bloomwood

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Loca por las compras

Es la primera porque es la protagonista de nada menos que nueve libros. No me los he leído todos, porque aunque Kinsella es muy entretenida, la serie Loca por las compras, si te la lees de una sentada, puede resultar un tanto empalagosa. Pero a sorbos cortos, dejando reposar el tiempo entre lectura y lectura, puede resultar maravillosa.

Becky es un tanto inestable. Tiene la cabeza en las nubes y piensa que con preocuparse de su ropa, maquillaje y zapatos (oh, por favor, le encantan los zapatos) ya tiene más que ocupadas las neuronas. Eso también llega a creer Luke, al que conoce en el primer libro, que la subestima de una manera que me hace hasta echar humo por las orejas.

El por qué me encantó este libro siendo la protagonista una mujer que en la vida real tendría muchas papeletas para que la odiara (o al menos la mirara con una mezcla de soberbia y snobismo por encima del hombro) lo ignoro. Porque representa todo lo que yo siempre he aborrecido: le encanta la moda y se arruina comprando ropa y zapatos. Yo, que voy vestida porque ir desnuda por la calle está multado y además podrías pasar frío, pero que me vale un saco de patatas. Ni sigo ni entiendo la moda. Pero Becky era más que una melena y un pañuelo al cuello y una tarjeta de crédito temblando. Becky tiene un corazón como una casa y encuentra el trabajo de sus sueños, arregla el desaguisado de las tarjetas y conquista a Luke.

Tal como me conquistó a mí.

Poppy Wyatt

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Tengo tu número

Me encanta que las protagonistas tengan distintos tipos de trabajo. No todas trabajan en la City, son abogadas o brokers de éxito a pesar de no tener vida. Poppy no. Poppy es fisioterapeuta, y además está a punto de casarse. Pero, qué rabia, en una fiesta preboda, pierde su anillo de compromiso y además le roban el móvil. Pero no pasa nada, tiene la suerte de encontrarse un teléfono casi nuevo en la papelera.

Poppy también peca de inocente, pero ya no es tan pánfila como me pareció Becky en un primer momento. Tiene la suerte de encontrar un teléfono en la papelera, y el desparpajo de quedárselo, darle el número a todo el personal del hotel para que la llamen allí si encuentran su anillo y, además, convence a Sam, el jefe de la persona que tiró el móvil, de que se lo preste solo un par de días. Le reenviará todos los mensajes de texto que lleguen al teléfono. Palabra de Brownie.

Samantha

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La reina de la casa

Este era el tipo de protagonista al que me refería antes. Samantha es la típica que trabaja en la City. Tiene un trabajo que le encanta y que además se le da genial: es abogada. Además, están a punto de hacerle socia, en esa lucha que tienen los londinenses de ser socio de bufetes que yo apenas entiendo (en esto soy como Becky).

Pero algo ocurre en su trabajo. Nunca jamás había cometido un error y el primero que comete es el más grande que podría haberle ocurrido. Se bloquea, se sube en un tren y termina en una casa, muy lejos del centro. Llama al timbre, pensando en pedir que le dejen usar el teléfono, y en una confusión que ella no se encarga de solventar, se queda a trabajar como empleada del hogar. Ella, que no sabe ni freír un huevo.

Samantha se da cuenta de que no está haciendo lo correcto, que huir no es la solución, pero se ve incapaz de reaccionar. De vez en cuando, la verdad, creo que viene bien desaparecer y dejar tu vida un rato. Gracias a Samantha se me ocurrió una idea para un relato chicklit que espero poder compartir pronto.

Lara Lington (más bonus)

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Una chica años veinte

Con Lara volvemos a la protagonista inocente. La conocemos cuando no pasa por su mejor momento (ya, piensas como yo, menuda novedad). Su novio la ha dejado, aunque ella está segura de que es solo una etapa, y su mejor amiga se ha marchado a Goa sin mirar atrás. Lo que no le hubiera importado si no fuera porque fue con la que montó su empresa de cazatalentos. La que le convenció, de hecho.

Lara quiere aparentar tranquilidad, pero le cuesta. No tiene muy buena fama en su familia. Está en el lado pobre de la familia, ahí el importante es su tío, que creó un imperio de cafeterías de la nada. Su prima es fabulosa. Por eso la odia, pero solo un poquito.

Hasta aquí tendríamos una novela chicklit normal, pero aparece Sadie. Sadie es el bonus de los personajes chicklit: es el fantasma de la tía abuela de Lara, que ha muerto a los ciento un años, pero que se aparece con el aspecto que tenía en los años veinte, queriendo vivir la vida a tope a través de Lara. Aunque a su sobrina no le haga mucha gracia.

Lara es un personaje genial, pero lo siento, es Sadie quien me roba el corazón en esta novela. La mejor de Sophie Kinsella para mi gusto.

Audrey

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Buscando a Audrey

Vale, reconozco la trampa. Buscando a Audrey no es una novela chicklit, o al menos no pura, es demasiado adolescente para serlo. Y mira que admito chicklit con protagonistas más mayores, pero es ver una adolescente y ya no. Pero no pasa nada. Porque Audrey es genial, su historia estremece y es tierna.

Audrey no se quita nunca sus gafas de sol. Ni siquiera para salir de casa, entre otras cosas porque nunca sale de casa. Viste siempre sudadera. Y no habla con nadie que no sea de su familia. Hasta que un día Linus, un amigo de su hermano, se sienta junto a ella e intercambian unas palabras.

A Audrey la vas descubriendo poco a poco, junto con Linus. La vas desmontando y viendo sus engranajes, y acabas comprendiendo por qué se esconde tras una capucha y unas gafas de sol. Conecté mucho con ella, quizá porque me recordó a mí de adolescente, que si bien nunca me he escondido tras unas gafas de sol, sí que me escondí detrás de los libros. Me hice un caparazón de letras y sobreviví hasta el día de hoy.

Estos son los personajes chicklit de Sophie Kinsella que más me han llamado a mí la atención. Acabo de empezar a leer su última novela, Mi vida no del todo perfecta, y acabo de conocer a Cat, igual más adelante cambia mi escala, aunque empezamos mal, no lo voy a negar. No me gusta la gente que intenta cambiarse a sí misma. Pero seguro que tiene un buen motivo para intentarlo.

Y a ti, ¿qué personaje de Sophie Kinsella te ha gustado más? Puedes decírmelo en los comentarios, estaré encantada de leerlos.

Pilar G. Cortés

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Mamá, lectora compulsiva, escritora, superviviente de cáncer.

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